sábado, 27 de julio de 2013

¿LA AUDITORIA, PROTOCOLO O REALIDAD?



Auditoria: Acción consistente en auditar, es decir, estudiar y analizar toda la documentación relativa a una empresa, institución u organismo para determinar si la información que ofrece la misma se corresponde con la situación real de su patrimonio, y para determinar si sus sistemas de gestión y producción son los correctos para el funcionamiento de la misma y la consecución de sus objetivos. Las auditorias se llevan a cabo por empresas independientes (auditoras), y son una herramienta muy útil para saber que una entidad funciona correctamente, por ejemplo, al presentar resultados ante la administración tributaria o para suministrar información a los posibles accionistas, y en los organismos e instituciones públicos, para garantizar la correcta aplicación de los fondos.

Algunas auditorias están regladas por Ley, y las empresas e instituciones han de someterse a ellas obligatoriamente cada cierto tiempo. Pero los órganos de dirección de una empresa también pueden encargar a una auditora que estudie los planes, objetivos, sistemas de control, de producción, etc. De la organización a fin de identificar y corregir posibles ineficiencias o errores que se estén cometiendo (auditoria interna).”

Sin embargo y por lo que se observa desde los simples estados financieros y sus notas, los presupuestos o desde la gestión y sus resultados de ciertas empresas públicas y privadas, sin entrar ha realizar  pruebas contundentes, visos grandes de irregularidades, debilidades o por decir otro término inconsistencias; que al contrastarlas con los informe de los organismos de control o frente al  dictamen de la revisoría fiscal, no aparecen  reflejadas, denunciadas o por lo menos como incertidumbres, por lo que el interrogante que normalmente nos hacemos es, si  la auditoria se ha convertido en un formato o protocolo obligado en las estructuras fruto de la obligatoriedad de su existencia dada por la norma, diferente al deber ser, como unidad que proporciona garantías y credibilidad de la gestión administrativa  a sus clientes,  socios, usuarios y comunidad.
Esta dura reflexión de alguna manera dilucida, el porqué del alto volumen de corrupción y fraude que afronta las empresas públicas y privadas, donde las auditorias son las llamadas a denunciar sin reservas, tapujos o dobleces,  con independencia y transparencia los resultados producto de un trabajo profesional.
Veamos a manera de ejemplo algunos casos que son evidentes y que usualmente no son observados por las auditorias:

  • Grandes fondos en cuentas bancarias sin generar actividades productivas que contra-resten los efectos inflacionarios de la economía (rentabilidad).
  • Partidas conciliatorias de vieja data sin depurar.
  • Ausencia de arqueos de cajas menores y tesorería.
  • Depósitos oficiales en entidades financieras privadas por periodos excesivamente largos.
  • Inversiones en títulos valores  crecientes y permanentes, cuando la misión u objetivo de la entidad es de crédito en vivienda o educación  como función social.
  • Inversiones temporales en empresas con alto riesgo.
  • Manejo de fondos, inversiones y bienes sin las pólizas de garantías necesarias.
  • Cartera con gran porcentaje de créditos vencidos, sin adecuadas gestiones de cobro y seguimientos del proceso judicial, con limitada defensa de los intereses.
  • Existencia de anticipos sin legalizar con vigencias superiores a un año.
  • Alto stop de inventarios vencidos, sin provisiones y acciones de recuperación.
  • Ausencia de inventarios físicos periódicos, que aseguren la existencia, custodia, mantenimiento y registro.
  • Registro permanente de construcciones en curso, sin reclasificar y ajustar al gasto por depreciación.
  • Altos volúmenes de bienes en propiedad planta y equipo subutilizados, obsoletos y sin adecuado mantenimiento y que no corresponden a la actividad básica de la empresa.
  • Parque automotor sin justificación y operación misional.
  • Compra reiterada de elementos y suministros sin la concepción de un plan de compras anualizado.
  • Avalúos de inmuebles sin estudios técnicos por autoridades reconocidas.
  • Inoportunidad en el pago de aportes parafiscales, impuestos y otros.
  • Acumulación de pago de vacaciones, que vislumbra falta de rotación y programación obligada.
  • Cálculos actuariales no muy reales en la estimación de la provisión y amortización del pasivo pensional.
  • Inobservancia al proceso contractual.
  • Fraccionamiento de contratos.
  • Pólizas de cumplimiento y garantías sin la cobertura necesarias que respalden los contratos.
  • Contratos sin liquidar.
  • Plantas paralelas de personal.
  • Presupuestos comprometidos pero con limitada  ejecución, acrecentando los costos de la inversión final.
  • Gastos desbordados, no propiamente relacionados con la misión.
  • Inadecuada gestión en el recaudo de ingresos imputados.
  • Debilidades en los sistemas de información, clave en el control de las operaciones propias.
  • Entre otras…….


Una manera de constatar mis apreciaciones sobre el tema, bastaría con revisar la formulación de las notas explicativas parte integral de los estados financieros de las empresas, que sin duda proporcionarían dada su presentación a nivel de detalle, mayor información sobre cuentas y operaciones de la organización y que la auditoria debería observar con mayor rigor.

Sencillamente creo que es un tema a reflexionar, donde la corrupción, el fraude, la falta de compromiso, la ilegalidad, el desdén como se administran las empresas, especialmente públicas siguen con paso firme y creciente el uso de éstas prácticas, sometiendo a los pueblos y sus gentes a la privación de sus necesidades básicas y que como efecto origina otros de índole social, claros de evidenciar. o no?

Desde la auditoria es mucho lo que se puede atenuar de este flagelo, simplemente con el cumplimiento de lo que significa "auditar".

Hasta pronto.      


Blog: marcontrol.blogspot.com

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